
Al fin llovieron mariposas.
La espera fue larga, larguísima. Casi un año para ir a Londres y ver a Coldplay en directo. Llegó el día. El 18 de septiembre partíamos a Stansted por la mañana. Llegamos con National Express a la estación de metro de Stratford y tras comprar la magnífica Oyster nos bajamos en Acton, pues nos alojábamos en el London Guest House. Un trato increíble, por cierto, por un precio bastante asequible.
Esa misma tarde visitamos Candem. Llegamos algo tarde y ya no había mercado, una pena, pero nuestro viaje no nos daba para visitar demasiadas cosas, cenamos allí y nos tomamos un par de cervezas en dos pubs bastante diferentes. “The world´s end” y “The grand union”. Música techno (pero no cargante) en el primero y ochentera en el segundo, con futbolín incluido.
El segundo día era el GRAN día y fuimos al centro de Acton para coger algo de comer. Decidimos ir al Morrisons a comprar algo ligero y barato y salimos de allí con salchichas y pollo al curry. Ligerísimo, vaya. Cogimos el metro a Wembley y caminamos unos 10 minutos hasta encontrar el camino al estadio, que obviamente se ve desde cualquier lado. Fuimos a por nuestras entradas y gracias a una magnífica organización (mucho nos queda por aprender en España sobre grandes eventos) y una puntual apertura de puertas entramos en menos de 5 minutos, sin ser precisamente los primeros de la cola. Tras sacar las fotos de rigor y después de un par de “joder qué pasada” fuimos a por unas cervezas. Algo caras, aunque era de esperar, y de nuevo ovación a los organizadores. Una cola larguísima que se tradujo en 2 minutos de espera. Tres líneas de trabajo tras la barra: vendedores de tickets, tiradores de cerveza y “camareros” que simplemente ponían encima de la barra los vasos que servían sus compañeros. No tenías que estar pendiente de cuál de ellos estaba libre. Un segurata enorme te daba el paso en cuanto uno de los chicos levantaba la mano indicando que estaba libre. Y todos tan contentos. Orden y rapidez. No se podía pedir más.
Empezaron White lies. No suenan del todo mal, pero Mihai, tienes razón y el cantante es más parado que cualquier otra cosa y solo mueve su brazo derecho arriba y abajo para pedir que el público le haga los coros. Algo cutre. Girls aloud no me gustaron absolutamente nada. Ni la música ni la puesta en escena. Son como unas Spice Girls a lo cutre y las canciones por ser no son ni pegadizas. Luego vino Jay-Z, cosa que aún no acabo de encajar, y la gente enloqueció. Sinceramente a mi que me cuesta comer hip hop y me dio bastante por saco la actuación. No entiendo porqué Chris Martin se empeña en hacer canciones con él. De hecho y desde mi punto de vista estropea Lost! y no me pega ni con cola. Fue lo peor de la espera. Justo antes de empezar Coldplay empezó a llover de una manera apocalíptica, tanto que hasta nos imaginábamos lo peor, que suspendieran el concierto (algo que ya sufrí con mi madre cuando fuimos a ver a Serrat y a Sabina al Obradoiro, menudos impresentables). Pues bien. Salieron con unos 10 minutos de retraso, algo que nos extrañó un poco y empezaron con Life in technicolor. Violet hill, Clocks, In my place, Glass of water y Yellow. En esta última jugamos tanto con las bolas amarillas que dejan caer al público como con Simon Cowell (uno del jurado de X Factor en UK). Al final de la canción Chris Martin nos invitó a cantar el estribillo para que Simon opinase y tras un par de intentos fallidos, le gustamos y nos dijo algo así como “absolutely fantastic”. Siguieron con cuatro canciones más entre ellas Fix you, acojonante por cierto, y se fueron desgraciadamente a la plataforma de la derecha del escenario, justo en la que no estábamos situados. Tocaron allí con el piano otros cuatro temas y volvieron al escenario con el sonadísimo Viva la vida (que sigue sin convencerme demasiado) y con el maldito Jay Z y Lost!.
Al acabar se fueron por dios sabe donde y acabaron en una tercera plataforma en medio del público. Hicieron las versiones acústicas desde allí, con homenaje a Michael Jackson incluido y pidieron a todo el estadio una ola enorme con teléfono móvil en mano. A lo mejor suena algo cutre, pero fue bastante divertido. Al volver otra vez al principal tocaron Politik, Lovers in Japan y Death and all his friends. Se despidieron y volvieron con The Scientist, Life in technicolor ii y The escapist.
Vamos, que fue increíble y no parpadeé más que el ojo izquierdo para sacar las fotos. Todas (o casi) desenfocadas.
Al salir otro detallazo. Estaban repartiendo el LeftRightLeftRightLeft y por suerte nos llevamos un par de ellos. Más contentos que unas castañuelas. He ido a bastantes conciertos y era de esperar que éste resultara más emotivo que el resto. Realmente no puedo ser objetiva y por ello digo que es el mejor que he visto hasta el momento. Aunque espero repetir experiencia y que al marido de la Paltrow no se le ocurra seguir diciendo que los mayores de treinta y no sé cuantos no tienen edad para seguir en un grupo. Que no me joda y que saquen más discos.
Después de esto nos quedaba todavía un día más para disfrutar de la vida londinense y así lo hicimos. Desde Picadilly, pasando por el Barrio chino, el parque de Sant James, Buckingham Palace, Hyde Park, Victoria Street (con parada en el pub The Albert para tomar una pinta), la abadía de Westminster, el Big Ben, la noria, el London Bridge y el Tower Bridge. Para ser un día vimos bastantes cosas y obviamente llegamos muertos al hostal.
Al día siguiente salía el avión al mediodía y fuimos con tranquilidad al aeropuerto.
Quiero volver. Con más tiempo y con más dinero. También me gustaría vivir una temporada en Candem. Por pedir que no sea. El tiempo me dirá.
Próxima estación: Madrid. Esperanza.