Parece que todo acaba esta noche en -encia, pero no. Es noche de sábado, son las 23.40h y estoy en mi piso. En mi piso frío de Barcelona. Es frío porque todavía no tengo mis paredes empapeladas de pósters del Milk. Pensé que tenía miles y solo hay dos. Tengo una postal de Coruña que me mandó Noe y algunas otras cosas que encontré por mis carpetas santiaguesas.
Escucho acento argentino al otro lado de la pared y no es Arcolano. Y eso duele, porque no lo conocéis pero es el amo del mundo. En realidad no, porque no quiere, pero podría serlo sin problemas. Lo echo muchísimo de menos. A él y a Lula, cómo no.
Los compañeros de piso son como una caja de bombones. O te toca el de praliné o el de naranja. Sería genial la vida con praliné solo, porque odio la naranja con chocolate. Me gusta SOLA.
Hoy después de comer, la Vanio me llevó a una tienda en la que había miles de cosas geniales. Tendría el regalo perfecto para todos y cada uno de mis amigos, pero era todo carísimo e non teño un can. El caso es que me encontré una postal que acabaré comprando y que está hecha para mi, porque dice “PABLO, WHO?” Jajajajaja, la vi y me llegó al alma. Los Pablos y las Lucías. Los nombres más repetidos en Galicia año tras año…
Y no me pregunté nada más en ese momento, pero luego estaba en la biblioteca leyendo lo que se supone que me hará aprobar la asignatura de un caradura y se me ocurrieron un montón de historias. Mi profesor (el que escribió el libro, cómo no…) habla en una nota de la “gnosis”. Dice que es una actitud. Joder, una actitud. El individuo lanzado en prosecución de su propia identidad. Es graciosísimo estar leyendo esto y encontrarte de repente con las mismas palabras que escribiste entre tus tonterías cuando estabas muerta del miedo y del asco en Alicante. “Insatisfacción, inquietud, ansiedad, malestar, humillación, disgusto, rechazo”… Entonces se supone que uno se siente extranjero en un mundo radicalmente extraño y que tiende a apartarse y a desprenderse de él. “El gnóstico a lo largo de su itinerario aspira a descubrir y recobrar su ser personal, auténtico y radical, a convertirse integralmente en lo que él es.” Y ¿cómo se supone que hacemos eso? Fuera de casa la vida se vuelve Gran Hermano. No porque te vigilen, no, todo lo contrario. Todo se magnifica. Yo no veo GH, pero lo vi y sabemos de qué va el tema, claro. Estamos cansados de escucharlo. Las emociones son diferentes, son mucho más fuertes y si estás feliz estás muy feliz y si estás muy triste, estás muy triste y ríes y lloras mucho y los cambios de humor son bruscos. Las relaciones son mucho más intensas. Pues aquí igual. Llegas y te pegas a lo poco que conoces. Muy fuerte. Y nada te importa, los planes siempre son buenos, la comida que haces mejor que mejor y los días pasan muy rápido y tú te tienes que mover muy rápido y corres y corres y cuando te paras un minuto a pensar no te encuentras. No te ves, no te reconoces. A mi me cuesta horrores. Me llama mi hermano, me cuenta, me aconseja y me pongo a llorar. La figura está muy estudiada desde dentro, y al salir todo es diferente. Hay que tener recursos para subirse al tren y seguir tirando aunque sea sin fuerzas, porque en algún momento aparecerán y podremos entenderlo todo mejor, supongo. Pero sigo sin saber el cómo. Sé que voy en bici a mi facultad y tengo que subir una cuesta que no es muy pronunciada, pero que está ahí y tengo que esquivar a toda la gente que va a visitar el Camp Nou y cada día llego con más aliento a Diagonal pero ahí está, no sé cómo y no lo sabré nunca.
No sé si soy gnóstica, si soy subnormal o si voy a aprobar todas en diciembre, pero vivo en Badal y veo “The Office” antes de irme a dormir.


